,

Creatividad humana en equipo y asistencia IA en pleno vuelo

Las personas conectan e inventan, la IA no. Las personas viajan en avión, la IA también. Viajar para trabajar presencialmente es la parte más humana que ninguna IA va a sustituir.

El taller: humanos en una sala resolviendo problemas reales

La empatía y riqueza de un equipo multidisciplinario intercambiando ideas, con una sonrisa al saludar, sin MCP; sumando experiencia, sin RAG; comunicación humana, sin API; una experiencia que no tienen precio.

La dinámica grupal tenía como objetivo entender los retos de negocio que la IA puede resolver. Pero la mayor riqueza del ejercicio no vino de lo que los agentes propusieron; surgió de una discusión guiada donde el centro no fue la tecnología sino la satisfacción de necesidades reales, alineadas al impacto positivo en los objetivos de la organización.

Post-it, pizarra, conversación y una app de IA como asistente puntual, soportaron un proceso que en un día significó para el equipo humano pasar de “añadirle IA a la solución” a tener una visión clara de qué buscamos resolver y cómo innovamos. La tecnología como habilitador, no como meta.

El taller concluirá virtualmente, pero con una empatía y un espíritu de equipo que sin lo presencial no hubiesen nacido. Los roles diversos y la guía de una organización enfocada en sus objetivos potenciaron el ejercicio. La información quedó recopilada en la aplicación y será la base para concluir.

El aeropuerto y el arte de liberar pendientes

Al terminar la sesión, debía regresar a Bogotá para asistir a un evento presencial de formación interna. Una hora de camino al aeropuerto de Medellín, revisar correos y pendientes me libera de empezar mañana con esa carga. Hay algo terapéutico en ese tiempo de tránsito: ni estás en el taller ni has llegado a casa, y el cerebro aprovecha para cerrar ciclos administrativos.

El vuelo: mi consultor sin pasaje de aerolínea ni de tokens

Pero me queda una hora de vuelo. Sin internet. Sin agentes tradicionales. Y la motivación del taller generó un par de ideas que no quiero que se enfríen, que quiero capturar y validar.

Por suerte, la curiosidad me ha llevado a probar modelos locales con Ollama. Sin elegancia, pero con un razonamiento aceptable. No seguiré la tendencia influencer de decir cada día que un modelo lo resuelve todo y los demás ya no sirven. Llevo dos meses evaluando y tengo mi selección local.

Ya a bordo, saco la máquina y activo el modelo local, fuera de línea, que creo se adapta para ser mi consultor en pleno vuelo. Sin pagarle pasaje de aerolínea ni de tokens.

Empiezo por pedirle que me resuma y explique estándares de industria que, además, las normas en Colombia están promoviendo. Pregunto por interoperabilidad, consideraciones de operación, arquitecturas y patrones usados, incluso sobre cómo deben atenderse soluciones comerciales y abiertas. El modelo local va respondiendo a una serie de preguntas que luego integro en un documento.

Anuncian que vamos a aterrizar y cierro la laptop. La idea que tenía ahora está potenciada con un archivo de investigación y consideraciones que mañana voy a tomar de base para afinar la propuesta y prueba de valor.

Un día conectado con humanos para crear. Asistido por IA desconectada para avanzar.

No hay promesas de aplicaciones ni modelos que me resuelven la vida, ni la del equipo. Pero sí una dinámica innovadora que creamos juntos, y de la cual tengo nuevos aprendizajes.

La IA no reemplazó ninguna conversación del taller. No generó la empatía que nació de mirarnos a los ojos y debatir con respeto. Tampoco inventó las ideas — esas vinieron del equipo. Lo que sí hizo fue acompañarme en un momento muerto, darme estructura cuando mi cabeza todavía estaba caliente de ideas, y permitirme aterrizar con algo concreto en lugar de solo notas mentales.

Gracias a Dios por las personas y gracias a los ingenieros que construyen la tecnología, propietaria o abierta, en nube o local. Podemos hacer un mejor futuro.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *